Del mismo modo que en Medicina, en Derecho la especialidad del abogado es fundamental.

Es muy habitual observar, en páginas web, muchos despachos especialistas en “Derecho Civil”, “Derecho Mercantil”, “Derecho Laboral”, “Derecho Procesal”, etc… . No se deben confundir las anteriores disciplinas jurídicas con las áreas de práctica legal.

Las disciplinas jurídicas tienen su origen en un enfoque académico del Derecho mientras que las áreas de práctica tienen su origen en el sector productivo en el que se desenvuelve la actividad económica del cliente: derecho  inmobiliario,  marítimo, patentes y marcas, telecomunicaciones, etc … .

El cliente puede reconocer a un abogado especialista si éste:

1º Es capaz de darle un diagnóstico del asunto comprensible desde la primera consulta y prever las fases en que se desarrollará su trabajo.

2º Es capaz de referirse a asuntos concretos muy similares al suyo, coetáneos en el tiempo, que están bajo su asesoramiento.

3º Conoce el funcionamiento de las administraciones o de las empresas que pueden ayudarle o perjudicarle.

4º Puede identificar qué otros especialistas servirán de apoyo para que el asesoramiento sea integral.

5º Cuenta con publicaciones  legales sobre los asuntos que aborda.

Todavía son muchos los despachos jurídicos que abusan de su condición de “especialistas” pero realmente no lo son.

El cliente siempre debe huir de abogados que reúnan muchas “especialidades”, no le sepan diagnosticar su problema con claridad, o lo hagan de forma ambigua.

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